crítica a la historia universal

lunes, agosto 23, 2004

Tania Ocampo Saravia. Tesis Walter Benjamin

Tania Ocampo Saravia

Las Tesis de filosofía de la historia de Walter Benjamín, resultan un documento importante para la reflexión en torno a las teorías que se han encargado de la interpretación de la realidad histórica, específicamente, el materialismo histórico.
En términos generales, sería ambicioso afirmar que se comprendió a cabalidad el texto, sin embargo, la lectura resultó enriquecedora, en tanto que originó muchas preguntas que van desde ¿cuál es la historia viable?, ¿cómo se la debe abordar?, hasta la necesidad de considerar ¿cuáles son las consecuencias éticas que se desprenden de considerar a tal o cuál historia como la que se debería de llevar a cabo?, no sólo en el papel, sino también y de manera más importante en la práctica.
A groso modo, se ven los siguientes ejes en el texto: el primero gira en torno a la crítica al materialismo histórico, no sólo como “herramienta” teórica para interpretar el pasado, sino también como proyecto político adoptado por una nación. Se puede apreciar también una crítica al historicismo y en algunos momentos también, hacia el positivismo y su idea de progreso.
En relación con el primer aspecto, que consiste en la crítica al materialismo histórico, Benjamín, expone en su primera tesis, como en buena medida el materialismo histórico ha echado mano de la teología (entendida ésta como el sustento filosófico de las religiones), en tanto a la concepción de que el proceso histórico de lo que genéricamente hemos llamado humanidad, es el desenvolvimiento de un plan determinado que atravesará por diversas etapas, para finalmente llegar a un punto de realización, tanto a nivel individual como colectivo. Esta idea, se parece mucho a la concepción judeo-critiana de la historia, en la que efectivamente, después de todo un desarrollo de las historia a través de un tiempo lineal, se llega a un destino prometido.
Siguiendo, con la crítica, Walter Benjamín, e su cuarta tesis, llama nuestra atención en torno a que usualmente los historiadores materialistas, no toman en cuenta factores como el de la cultura, la religión, las tradicioes, todo eso que no se ve y que forma parte de la superestructura, poniendo especial y única atención a la estructura. Nos avisa de que el materialista histórico debe, precisamente tiene que entender y atender a este rubro, que es justamente, el más imperceptible de todos.
En la parte que ha sido percibida como una crítica muy directa al historicismo, podríamos anotar la sexta tesis, en la que Benjamín afirma que el mayor peligro que sufre el pasado mismo, es el de convertirse en un instrumento de las clases dominantes. En la tesis anterior, afirmaba que “ el materialismo histórico atraviesa la imagen del pasado que amenaza desaparece con cada presente que no se reconozca mentado en ella”. A riesgo de caer en una sobre interpretación de estas palabras, creo ver una alusión al historicismo y el peligro que se desprende de él, en tanto que como todo cambia, cada generación tenga su interpretación muy particular del pasado, abriendo las puertas al relativismo. En este contexto, es que se interpretó la sexta tesis, en la que atendiendo a este peligro, al historiador materialista le incumbe realizar una historia combativa, que proteja, precisamente esas tradiciones o a esos olvidados que el historicismo, como lo dirá en otra tesis, no hace ya que su empatía está con los vencedores.
Con relación a la crítica al positivismo, resulta esclarecedora la novena tesis, en la que el ángel de la historia contempla las ruinas que constituyen el pasado del hombre, un huracán lo empuja hacia un futuro al cual le da la espalda. El huracán visto como el progreso, evoca al positivismo y su idea de progreso como ley, en el sentido de que todos irremediablemente nos dirigimos hacia él. No es cierto que así es cómo suceda, las interpretaciones que hemos hecho de la historia hasta hace poco, estaban impregnadas de este espíritu, Benjamín afirma que precisamente porque están mal hechas no debería de sorprendernos las cosas y atrocidades que se viven en pleno siglo XX, cuando ya debiéramos estar tan avanzados en el camino hacia el progreso.
Finalmente, me parece de fundamental importancia la anotaci+ón que el autor hace en torno a que todo documento de cultura, es a su vez un documento de barbarie, en el sentido de que el historiador debe dejar de ver a la historia como esa sucesión progresiva de hechos, y verlos de manera superficial. A un lado de los triunfos de las grandes batallas, se encuentran también todos los muertos que pelearon esa guerra, detrás de un producto en el mercado, está el trabajo de miles de personas que en su mayoría está realizado en condiciones deplorables. Quizás se refiera a eso cuando dice que hay que “pasarle a la historia el cepillo a contrapelo”